
Esta película se contextualiza en dos épocas y lugares diferentes: Argentina, década de los 50/60, y en España, en la actualidad.
Cuenta la historia de un escritor, Joaquín Gónez, que, a pesar de pasar una situación crítica en su carrera, busca aliviar sus falencias económicas con una autobiografía. A su puerta llega el estudiante de periodismo Manuel Cueto, quien se encarga de tipiar todo lo que su compañero escribe.
Al ver Joaquín al joven periodista, claramente se sintió ante su propio espejo, el reflejo de una vida pasada: el de un joven con ideales y potencial, pero falto de iniciativa para desenvolverse, temeroso ante el inmenso mundo que se le presentaba. Uno, el escritor que nunca llevaba nada para ser publicado; otro, el periodista que no se animaba a hacer preguntas.
A pesar de ser conocido por no apreciar a nadie, Joaquín se muestra muy comprensivo con Manuel, le brinda su consejo y experiencia. Con el tiempo llegan a convertirse en amigos y confidentes. Esta relación es un disparador para el periodista, que aprende a no quedarse en lo mediocre por temor al fracaso.
Durante sus encuentros el escritor describe su pasado, su infancia, la relación con su padre, y sobre todo con su madre: Roma. En este viaje entre recuerdos se sorprende sintiendo en carne viva todas sus vivencias. Se produce así una fusión entre el añorado pasado y el presente.
Su madre fue quien le inculcó todos los valores bohemios. Le dio alas para que vuele como quiera, sin necesidad de atenerse a un modelo de vida rutinario y convencional, todos sus esfuerzos fueron por su hijo. Nunca lo consideró un vago, como muchos otros lo hacían, sino que lo creía como una persona que se estaba buscando, y para ayudarlo a encontrarse vendió su piano, el objeto más valioso que poseía, y le compró un pasaje a Europa. Lamentablemente no vivió para verlo publicar su primer libro.
Joaco cargaba con el peso de sus errores; lo llevaba a cuestas solo, ya que permanecía recluido en su casa cual ermitaño. El recuerdo de Roma significó para él una suerte de reconciliación con su enterrado pasado.
Los ríos sirven para olvidarse de los problemas; si uno se para mirando a la corriente y grita en alta voz todo lo perturbador, puede observar como el agua se lo lleva todo. Los problemas en voz alta se oyen ínfimos, por esta razón uno los olvida cuando los dice. Joaquín encontró en su nuevo libro un río, donde pudo desahogar todos los fantasmas de su pasado, donde el agua lo convirtió todo en pequeñeces, donde por fin pudo apreciar su vida con Roma como algo hermoso.

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